jueves, 18 de septiembre de 2014

Montañas, tos crónica y principios de inestabilidad mental

Me dije a mi misma que iba a escribir cada semana, luego que cada dos semanas, luego no pasaba nada interesante, luego demasiado y al final he sufrido ataques de pereza extrema intermitentes.
Hace tres semanas os contaba la felicidad que transpiraba, y es que aquí todos apestamos un poco a felicidad. Estas ultimas semanas al acabar la mentor week y empezar las clases las cosas se han ido sosegando un poco pero aquí siempre hay algo que hacer o descubrir. En Bergen está muy de moda mantenerse en forma y no solo me refiero a llevar las nike de correr y los leggins a la uni como ocurre en España, sino que además aquí se usan para hacer deporte (y yo que pensaba que las new balance no tenían un propósito real de existencia). Los noruegos, además, no son gente que presuma de pasta, pero la tienen, y lo saben, asi que si van a correr se ponen los leggings de 100 pavos. Que yo no los he probado pero creo que llevan incorporado un sistema de adelgazamiento y superpotencia ultrasupersonico secreto fundamental de la belleza noruega. Tristemente mis leggings de 10 pavos ni siquiera se mantienen en un sitio cuando intento correr. En cualquier caso el amor de los noruegos por el deporte se refleja en la cantidad de clubs deportivos de Bergen. Hay grupos de volley, vela, natación, escalada... Algunos se han unido al de escalada, Friluft, y yo que aun estoy pensándome si saco tiempo para todo me fui con ellos un día por la face. En realidad está bien, es un grupo de estudiantes que comparten(casi siempre) los arneses, cuerdas grigris y demás y además hacen excursiones por ahí. Pero no es mi intención venderos el club porque no creo que vayáis a apuntaros. El caso es que el día que me uní y de acuerdo a mi mentalidad española me esperaba escalar una supermontaña noruega de la leche con nieve en la cima. No era más de lo que os podéis encontrar en la pedriza y en realidad no escalé demasiado pero fué de todo menos decepcionante. El sitio al que nos llevaron parecía un pequeño trocito de un paraiso del norte escondido en la ciudad, y es que esta ciudad está llena de rincones sorprendentes. Escalada, puesta de sol y barbacoa en el fiordo y no sería la ultima vez que iríamos a ese lugar.

















A finales de Agosto Celia vino a visitarme, no hay mucho que contar de esos dias. Aproveché para hacer el tipico turismo por Bergen y hacer algunas fotos, enseñarle la ciudad, la comida tipica, mi dia a dia y algunos de los parajes más hermosos y reconditos sobre la faz de esta tierra hecha de verde y hielo. 




































Ya andaba pachucha cuando Celia llegó así que cuando decidimos ir a Trolltunga ya si morí. 
A tres horas en autobus y un ferry desde Bergen se encuentra la ciudad de Oda y desde allí comienza el camino a Trolltunga.
rolltunga es una copia de la piedra del rey león a unos 300 metro de altura flotando sobre el Sorfjorden (uno de los múltiples fiordos). El recorrido nos llevó 6 horas de subida y 4 de bajada acampando a medio trayecto. No voy a mentir, no es un camino excesivamente duro, es desesperante. El primer kilometro te lleva una hora, dado que llevabamos las mochilas cargadas, y son escalones de piedra entre los arboles hacia arriba sin más y los siguientes kilometros se componen de una montaña cabrona que te hace creer que se acaba y justo al final comienza otra de nuevo. Personalmente me lo tomé con calma ya que si íbamos a acampar arriba me daba igual ir más deprisa que despacio asi que me dediqué a disfrutar del paisaje la ultima de la fila. Os dejo las fotos para que interpreteis mi experiencia como más os guste pero si tuviese que quedarme con dos sensaciones del viaje serían descubrir el tacto de las flores de peluche de las montañas y desayunar frente al abismo y los glaciares.










































 


Y algunos otros momentos de la semana en Bergen aprovechando las casi dos semanas de sol constante
































































Esta ultima semana como he estado malilla no ha sido mi mejor semana. He estado algo tristona, extrañandos y echando de menos mi casa también, mi almohada, mis cosas, mi rutina...Cuando llegas aqui al principio te haces muy rapido al cambio. Todo es nuevo y excitante pero hasta ahora he sentido el tiempo mas unas vacaciones que una estancia real y es ahora al parar cuando el tiempo y la situacion se e echan encima y piensas "yo vivo aquí". No es que antes no viviese aquí, no es que sea peor, es que derepente te das cuenta de que esta es tu casa.Y aveces es agobiante, aveces echo demenos desesperadamente el perfume de mi madre por el pasillo antes de irse a trabajar, echo de menos que entre en mi cuarto exasperada por la colección de vasos de agua de mi estantería, o el murmullo del teléfono constante. Echo de menos los almuerzos en el jardín de papá, no echo de menos su chapa politica constante pero echo mucho de menos revolotear a su al rededor en modo sarcastico y tomarle el pelo. Aqui hay días que la cocina esta tan llena, y tan vacía al mismo tiempo. Ha sido una semana extraña, en realidad un fin de semana extraño. Un fin de semana de esos en los que las cosas suceden sin que te las esperes, sin que las quieras ahí contigo y el miedo se aferra fuerte en el estómago y tu como una niña pequeña te haces un ovillito y lloras porque no quieres que las cosas cambien Y es que aveces da miedo estar con uno mismo, aveces, y aunque me quiera mucho, no me caigo bien a mí misma y este fin de semana mi estabilidad mental ha sufrido severas variaciones. Pero aqui siempre existe una solución infalible para sacar el miedo del cuerpo y se llama senderismo. 
Mientras subes campo a través una montaña de casi 400 metros y metes los pies en el fango, te clavas las ramas, te caes, te cansas y sudas, llega un momento en que crees que ya no puedes más y quieres volver abajo porque abajo se estaba bien, era bonito, que la montaña desde abajo era bonita pero ahora que estas en problemas ya no estas seguro de que merezca la pena, que mejor malo conocido que bueno por conocer y que casi mejor un paseo por la orilla del fiordo. Y acabas frustrado, sucio y con ganas de llorar, y de llorar por que sí, porque estas hasta los cojones de la montaña y de lo que llevas dentro que no sale y en ese momento de desgaste cuando no sabes si darte media vuelta entonces sale toda la mierda de dentro y sigues cuesta arriba porque, piensas, si la montaña me merecía la pena desde abajo voy a subir hasta arriba para descubrirla entera. Y es arriba, cuando has ido soltando toda esa mierda que llevabas contigo por el camino, donde sientes tan idiotas todas tus preocupaciones. Y arriba sentado contemplando tu hazaña, tu superación abrazas la montaña y sientes amor y liberacion.
En resumen, que tenia muy mal fin de semana y ayer me subí el Lyderhorn y me vino muy bien. Además las vistas fueron impresionantes.
























Y con la tos y la mente estabilizadas, desde Bergen con amor, Paula.


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